Consideremos la obra de arte como la congelación de una parte del proceso creativo, donde la participación de diversos componentes, conscientes y no conscientes, sintonizan en un instante como causa de una sucesión de acontecimientos.
Extraída, como objeto, la obra puede utilizarse por quien la ha generado para eliminar parte de la carga que le impide seguir en la evolución creativa. Aislada y fuera de este proceso, corre el riesgo de ser descongelada y echarse a perder.

Dos mundos diferentes: la creación de una obra y el disfrute de la misma como espectador. Dos mundos diferentes y un elemento común: la obra de arte.

Desde la creación de una obra, en sus consideraciones medibles, podemos hablar de cómo el grafito se transfiere al papel. De cómo la pintura, buscando un lugar, se ubica en el lienzo a través de un medio. Del avance del metal fundido aunando partes y convirtiéndolas en una pieza. Del golpe de la maza sobre la gubia convertido en gesto. Pintura y escultura modifican la materia para reordenarla de acuerdo con un proceso mental. Las yemas de los dedos pulsan teclas, tañen cuerdas, giran potenciómetros o desplazan atenuadores; en música no hay transferencia de materia, hay creación pura, el sonido no existe mientras no se induce y cuanto menor sea su asociación con la ejecución, más veraz será su percepción. Procesos en los que lo manual dignifica a la persona. En danza, el medio del objeto artístico es el propio cuerpo; lo manual se convierte en corporal. Es como si el pintor fuera tubo, pintura, lienzo, objeto y sujeto; siendo la obra la propia ejecución y por lo tanto efímera.
Espacio y tiempo modelan y ubican la creación artística. La evolución capacita para eliminar lo sobrante; ayuda a discernir entre mena y ganga.

Cuestión diferente es la capacidad que tienen las obras de arte de ser percibidas por alguien exterior al proceso creativo. Como espectador, si la percepción de una obra supone la descodificación y posterior codificación, asociándola a elementos reconocibles para poder valorar y justificar su existencia mediante lenguajes paralelos, lo que habremos hecho es descongelarla.

No confundamos el análisis de una obra, con la razón de su creación. La obra no debe justificarse con su análisis y este no debe ser el origen de la misma.
Dos mundos diferentes y un elemento común: la obra de arte.

Componentes como geometría, materia, composición, espacio, tiempo, construcción, música, etc. utilizados desde lo manual en un proceso creativo, crean obras capaces de sublimar a la persona desde lo físico por medio de la contemplación. Qué sentido tiene el arte sino es la capacidad de elevar a lo no medible a quien se abandona frente a él desde lo material. ¿Hay cosas tan útiles en la vida como eso? Y luego hay quien nos quiere convencer de la inutilidad del arte.

Pintura y escultura, así como cualquier otra actividad artística, se han de elaborar desde sus propios lenguajes sin necesidad de recurrir a otras gramáticas o justificaciones ajenas; pero en los que está bien escuchar músicas, e intuir danzas.

Publicado en el número cinco de la revista “sin marca”