En la valoración de toda creación, debemos contar con algo más que la razón del conocimiento acercándonos a la comprensión de lo explicable.

Toda obra adquiere una parte inconsciente, cuando su creador la descubre y utiliza, que podemos intentar apreciar desde fuera, que no entender, mediante el concurso de cierta complicidad. Solo desde ella podremos discurrir por esa línea fina, difícil de alcanzar, desde la cual , como equilibristas, podremos llegar a la parte no medible, y sintonizar con el lado inconsciente de la creación, para desde ahí poder acoplar las distintas piezas del rompecabezas y disfrutar de la obra.

Cuanto mas demande la obra, de esa complicidad, mayor será su disfrute pero también lo será su fragilidad, con el consiguiente riesgo de ser rechazada. De ahí que cuanto mas natural sea la parte consciente, dejando a un lado virtuosismos que nos distraigan, tendremos mayor claridad en el camino para apreciarla en su totalidad.

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