La presencia de los sentidos realza las experiencias vividas y entre ellos el del olfato quizá sea de los más sorprendentes. Los olores permanecen grabados en la memoria junto a todos los sentimientos asociados a ellos. Sentimientos que, ante la más mínima señal de recuerdo olfativo, aflorarán junto a todas las vivencias que les acompañaron.

Con la música utilizada en una obra de danza, ocurre algo similar. Escuchar la música y visualizar la coreografía, es algo difícil de disociar.

Si durante el proceso de composición y edición de una obra musical se repite su escucha hasta el infinito de una manera abstracta, cuando es asociada a una obra, como en este caso de danza, realiza un salto cualitativo para, sin dejar de ser ella, encontrar un lugar junto al cuerpo de la coreografía que ya no abandonará.

Sentidos que ayudan a entender y valorar parte de los procesos creativos.

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