Solo desde el deseo de superación podemos entender la dificultad en los planteamientos de una creación. Y solo desde la capacidad personal podemos esperar que este reto sea superado. Carmen Werner y su compañía lo consiguen una vez más. Cada uno de ellos encuentra su lugar dejando vislumbrar, mediante el conocimiento de lo no material, la intimidad de lo privado tamizado con pudor. Y es que el nueve es un valor en si mismo. Transparente como el agua y arriesgada, la mujer invisible se desliza por el escenario, nos da de beber y deja los inconfundibles aromas de Carmen.
 
LA MUJER INVISIBLE Sala Mirador dias 21,22,23,24

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