Si la energía ni se crea ni se destruye sino que solo se transforma, ¿cómo se transforma y en que, toda la energía empleada en la creación artística?:

Se transforma mediante sentimientos convertidos en arte. Sin embargo, en esa transformación, no toda la energía consumida lo hace con la eficacia deseada. Son muchos los esfuerzos empleados en destilar una gota de creación.

La creación pura, basta al que la genera en el mismo acto de la creación, ahora bien, cuando esta creación deja de ser un hecho propio y aislado, y se muestra públicamente, entra a formar parte de un mercado a disposición de sus reglas. Conciliar el hecho creativo, desde lo que ha sido su creación, con la percepción desde el exterior del espectador, es algo muy selectivo, donde la elección de frecuencias es decisiva a la hora de evitar interferencias.

Son muchas las ocasiones en las que acudimos a espectáculos en salas con cinco espectadores, con mayor interés creativo que otros que las abarrotan con cientos de espectadores. Salas de arte vacías, y grandes colas de espera en museos e instituciones para ver, en muchas ocasiones, obras bajo epígrafes temáticos, que están expuestas en sus colecciones permanentes.

Como producto, estamos en manos del consumidor y sometidos a las reglas de mercado. Cuanto más se separe la valoración artística de la valoración de mercado mas necesidad de formación necesita la sociedad a la que se dirige. Reconducir esta situación es labor de todos, para evitar que el mercado regule la creación artística. El mejor terreno para la creación, es el que favorece la libertad y la independencia sin tener que pensar en el posterior análisis al que se vea sometida la obra.

 

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